lunes, 28 de agosto de 2023

Mi duelo

Ayer tropecé con mi duelo y me caí. Lo había dejado detrás de la puerta. Bajo la cama. Sobre el armario. Le puse una sábana encima para no verlo continuamente y sin querer lo convertí en fantasma. Me asusta cuando estoy sola en casa y cuando salgo lo escondo entre cubatas y canciones de reggaeton. Es un buen escondite pero dura poco. En el día a día lo tapo como puedo, con amor propio y de familia y amigas, que para mí es lo mismo. Con libros que diseccionan la monogamia y el amor romántico. Con clichés y gimnasio y proyectos y alegría. Con la vida misma. Con lo inevitable. Pero hoy te ibas y ayer me escribiste y me lo encontré. El dolor estaba ahí, esperando amable, tranquilo, intenso. Queriendo que lo arropara. Queriendo enseñarme algo. Queriendo que lo quisiera. Esto está siendo duro y a la vez increíblemente nutritivo. Te echo de menos. Necesito permitirme echarte de menos. Necesito destapar el duelo igual que a veces necesito esconderlo. Necesito sentir sin juicio ni guión. Me alegró que me escribieras. No podemos estar juntas. Aún así nos queremos. Y eso está bien.