Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que salí de la barriga de mamá. Nací un día 1 del mes 12 del año 1991 a las 21. 1991 es el único año capicúa del siglo XX. El 1 del 12 a las 21. Todo es una señal si estás lo bastante loca. ¿A quién no le gusta sentir que el universo piensa en ti de alguna manera?
Mi madre dilató tan rápido y yo tenía tantas ganas de llegar que casi saco la cabeza mientras se daba una ducha en el hospital, antes del parto. Nací rápido, sin mucho esfuerzo, deslizándome cómodamente por el coño dilatado de mi madre, como atravesando un túnel hacia el mundo. Es curioso que la muerte también la vivamos como un túnel hacia alguna parte. Mi madre siempre me dice que nací con los ojos abiertos, que eso es raro. Ahora que me conozco más me gusta pensar que fue una señal de que yo iba a ser rara, despierta, curiosa, TDAH, altas capacidades en inteligencia social y lingüística, molestosa, traviesa, culo inquieto, sabelotodo, irreverente, r e b e l d e. No era capaz de mantenerme quieta en carritos ni capazos ni camas. Mi madre dice que no dije una palabra en los primeros dos años porque me las estaba aprendiendo todas antes de hablar. Cuando empecé, bueno, ya saben. No me callo desde ahí. Con menos de cinco años ya usaba palabras como "estructura" o "amorfa". Comunicar siempre fue mi don y lo sigue siendo. Aprendí a leer prácticamente sola. Adoraba leer. Hace mucho que no lo hago.
Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que salí del coño de mi madre. Y este mes hace cuatro años que mis diciembres no son lo que eran. A mí siempre me encantó mi cumple. Me gustó incluso cuando la familia de mi madre y mi padre dejaron de hablarse y tenía que celebrar un cumpleaños con cada familia, aunque sabía que algo iba mal y no entendiera el qué y echara de menos celebrarlo con una familia sola y no con dos. Pero siempre me gustó ser sagitario y protagonista. Y me sigue gustando. El problema es que estos últimos años me cuesta ver las cosas que me gustan en lugar de las que no.
Estos cuatro años pasé por diferentes duelos. Amorosos, amistosos, familiares, vitales. Algunos ya están transitados, otros están en tránsito, otros llegarán. La vida adulta es un duelo. Primero, por la juventud. Me costó entender que la vida ya no sería lo que fue. Que ya no tengo 20 años y muchas ilusiones y cero consecuencias ni responsabilidades. Que ya no me voy a ir de casa con una mochila de acampada como único equipaje y sin destino ni plan fijo para volver casi cuatro años después, habiendo sido saissonier y okupa y activista y nómada y encendedora de hogueras y cortadora de marihuana y buscadora de verdades y amante y drogadicta y mala gente y buena gente y recicladora de comida en contenedores y mercados y ladrona de electricidad en McDonald's y de quesos buenos en el súper y música de calle y camella y sobrevividora de una picada de alacrán y montón de personajes más. Ya esa película pasó y me alegra mucho pensar que la pude vivir, y que además la pude vivir con todo. Pero hay un duelo en tránsito sobre esa Wanda aventurera y exploradora y negacionista de la rutina. La echo de menos y tengo muchas ganas de volver a verla disfrutar y emocionarse por las cosas nuevas y la vida misma.
Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que no me llevo bien con la rutina. No lograba sentirme viva en ella. Esto es puro sagitario con TDAH. Aun así ya llevo tiempo trabajando el disfrutar de lo cercano. En desear lo que ya tengo, no solo lo que no. Llevo tiempo poniendo valor en las pequeñas cosas. Dar un paseo con mi perra - ella me saca a mí -. Ver a las amigas. Ir a la playa - bendita playa -. Abrir un aguacate y que esté p e r f e c t o. Escuchar un discaso una y otra vez. Sentir que conecto mucho con lo que siente una piba negra estadounidense que no tiene nada que ver conmigo ni mi contexto y sin embargo entiende la ansiedad igual que la entiendo yo.
Sentir. En general. Y a mares.
Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que atravesé un portal a otra dimensión. La dimensión del tiempo, el espacio y las emociones. Un amigo me llama Wanda Sentimientos y es de mis apodos favoritos. Aprendí a sentir de la manera más disfuncional que puedan imaginar dentro de mi contexto socioeconómico, que no era malo ni tampoco increíble. Mi empatía, que es mucha, es fruto de una hipervigilancia infantil desarrollada como método de supervivencia a un entorno imprevisible, inseguro y hostil. Yo necesité sentirlo todo, entenderlo todo, analizarlo todo. El problema era que cuando eres niña no lo puedes entender realmente. Entonces todo se mezcla y aprendes que el amor también puede llegar a ser un lugar odioso. La cuestión es que yo siento mucho. Muchísimo. Siento lo mío y lo del resto. Por eso adoro que mi cerebro sepa disociar. Disociar es la válvula de escape de mi ansiedad. Disociar es mi método de supervivencia. No puedo sentirlo todo a la vez en todas partes. Y aún así a veces la vida así es.
Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que me pregunto quéhagoaquí. Cuál es mi propósito. Mi misión, mi sino, mi lore divino. En qué creo y en qué no. Y en lo que más creo es en el cambio. El cambio es la única constante. La vida es una paradoja y yo llevo cuatro años, quizá más, luchando por querer seguir aquí. Hace cuatro años que todo pesa el doble. Cuatro años que lloro mientras como un par de veces al mes. Cuatro años que me di cuenta que o nadaba o me hundía. Que mantenerse a flote ya no era suficiente. Cuatro años de sentirme deprimida, precaria y estancada - aunque no lo esté - y consciente y responsable y aburrida y alienada y frustrada. Pero también cuatro años de sentirme orgullosa de no haber dejado la carrera y mi futura estabilidad económica para irme a cualquier sitio a buscar algo que solo está dentro de mí. Cuatro años de aguantar, sobreponerme, superarme, mejorar, trabajar y estudiar, tener novias, dejarlas, tener amigas, pelearnos y arreglarnos, tener hermano mayor, no tenerlo, tener miedos y dudas y desastres y adicciones y tristezas infinitas. Y aquí estoy. Cuatro años después quiero demostrarme a mí misma que sí puedo atravesarlo todo. Que sí puedo superarlo todo. Que lo voy a superar. Siempre y cuando acepte que el dolor es parte del camino.
Mañana a las 21:00 hace exactamente 34 años que llegué a este mundo para amar la vida y ser amada por ella. Aunque en estos cuatro años y muchas otras veces anteriores solo quise desaparecer. Aunque aún lo quiera.
Mañana me voy a regalar ir al gym, comer sola en algún sitio bonito y estar bien con no estar bien.